TIEMPOS ANTIGUOS

El Mileto estaba cubierto de nieve, cuando las milicias romanas atravesaron el Matese, durante la segunda guerra sannitica. Debió suceder alguna cosa terrible, en aquella época, dado que el terreno de la Serra, desde Santa Croce hasta casi el pueblo está lleno de tumbas militares.
Desde hace milenios el hombre disfrutaba de los recursos naturales que ofrece la montaña, pero necesita esperar todavía algún siglo para tener la certeza de que un grupo de personas vivían allí donde ahora surge San Gregorio Matese. La señal viene de una lapida cristiana que recuerda la muerte de tres hermanitos, sucedida en el verano del 553 d.C.
Durante siglos y siglos la dura vida del campesino y del pastor no ha dejado huella, sin embargo la población aumentaba, creciendo entorno al monasterio benedictino surgido cerca del Padule, en el área donde hoy se encuentra el edificio escolástico. La referencia era la iglesia dedicada a San Gregorio I papa, que se alzaba sobre el actual belvedere, donde se hace el mercado semanal; la cripta fue para siglos el cementerio del país y se puede ver todavía el muro de contención.
Siglos después llegaron también los Cistercienses, su asentamiento se encontraba a poca distancia del país; también aquel asentamiento monástico fue para tanto tiempo el centro de la vida social de la zona. Después todo desapareció y del monasterio quedaron solo las murallas, todavía existentes, asomadas al barranco del cañón del Infierno.
Entorno al final del 1500 existían ya algunas ramas familiares hoy en día todavía presentes: De Lellis, Bojano, Fattore, Loffreda, Ferritto. La mayor parte eran pastores, campesino, conductores de burros, recogedores de yesca, incluso había el medico y la comadrona, el sastre y el zapatero; escuelas ni hablar y los hijos de los ricos estudiaban en el Seminario Alifano.
La tierra del Matese era del feudatario, el Conde Gaetani, y los campesinos tenían que pedir permiso para trabajar y conseguir aquella poca comida para superar, no siempre, lo rígidos inviernos.
DEL 1500 AL 1700
Mientras tanto el pueblo había tomado su forma: el “curzu re sotta”, hoy calle Gaetano del Giudice, y el “curzu re coppa”, calle Redentore, con su reticulo de callejuelas que los unen, con los nombres ligados a las familias que allí vivian, como el Callejon de Cola Caso, calle Tomasone, o el vecindario de Alesio Ciccarelli, incluso nombre hoy desaparecidos como Rizadri, Babione, Carcasini, Autera y Trave.
San Gregorio, como todos los pueblos de la zona, era un parte de Piedimonte en cuya Universidad era representado por el pueblo de Castello. Y en Castello estaba situada la parroquia de la cual dependía, obteniendo una propia solamente en el año 1596.
Al principio del 1700 la iglesia de San Gregorio cayó. Desde entonces el santo no ha tenido mas una propia, también porque había la nueva iglesia Madre, que poseía tierras y ovejas, y la Iglesia de la Congrega, donde estaban las tumbas de los ricos.
Fueron justamente estos los que imprimieron en la segunda mitad del 1700 la revuelta social del pueblo. Eran los hermanos Valenzio y Gaetano del Giudice, medico y farmacéutico; había la familia Caso de la Fontana con los hermanos Vincenzo, Mariano y Giovanni, todos terratenientes, y el Caso de la calle Calcarella, con el terrateniente Don Vincenzo y el medico Raffaele. Las riquezas de los españoles Mezzullo se habían repartido entre tantos hijos y nietos.
Julio de 1748 es una data histórica: el caserío de San Gregorio obtiene la autonomía de Piedimonte y redacta su primer “Catasto Onciario”.
En el año 1793 muere una chica devota de 19 años, Maddalena Caso. Milagrosamente su cadáver , expuesto en la iglesia levanta el brazo y saluda a los presentes: acude entonces el Obispo de Alife para verificar el suceso sobrenatural, y la beata Maddalena recibió sepultura en el campanario. Desde entonces su fantasma, que es bueno, asusta todos los niños que suben cerca de las campanas.
Mientras tanto se organiza el Municipio y se redactan los actos del estado civil.
EL OCHOCIENTOS
Los bandoleros comienzan a infestar el Matese en los primeros años del 1800; entre ellos muchos jóvenes de San Gregorio. Un cierto Mezzullo y el famoso Francesco Stocchetti, llamado “Mezzavoce” (media voz), que no duda en asaltar Pietraroia con su banda.
El tiempo transcurre igual. En los días de fiesta las chicas se visten con el vestido bueno, aquel traje folklórico recuperado en los años ‘80 por la Pro Loco. Durante las Navidades los jóvenes cantan los “12 meses” casa por casa, del cementerio hasta “in mezzo a Copela” (callejón Copela). Por Semana Santa se llevan a bendecir las tortillas, pero la fiesta mas sentida es la del Corpus Domini, cuando las mantas de colores se exponen en las ventanas mientras pasa el arcipreste con el ostensorio en mano.
Cerca del lago se celebra la fiesta para San Michele Arcanuelo, mientras los mas devotos van a pie hasta Sala de Caserta en honor de San Donato.
San Gregorio es un pueblo tranquilo: los pobres trabajan y comen poco, los ricos están bien y engordan sus propiedades. La riqueza viene de las ovejas que en verano están en el Matese, mientras en invierno bajan en trashumancia, en el “Tavoliere delle Puglie” donde los ricos sangregoriano son titulares de la “locazione”en la aduana de las ovejas de Foggia. Cada año es un éxodo bíblico, que se lleva del pueblo decenas y decenas de hombres y jóvenes, que de octubre a mayo a los campos de Apricena y San Severo. En San Gregorio quedan los campesinos, los ancianos y las mujeres con los niños.
Para alejar los temporales estivales se toca Maria Soprana, la campana de la parroquia.
La familia Caso posee el Palacio, aquel por antonomasia, tanto que el lugar de encuentro nocturno es justamente “n’coppa ru palazzo” (al palacio), así como es hoy dos siglos después. La otra familia Caso posee su palacio en la Calcarella, esto es debajo del arco de la calle Elci: en su casa será invitado el joven pintor Gioacchino Toma, que después se hará celebre, y que en San Gregorio pinta los retratos de las personas notables locales.
Adyacente al palacio Caso de la Calcarella y Del Giudice construyeron Villa Ginebra, porqué la familia ha crecido y no caben más en el amplio palacio paterno, aquella gran construcción que abarca los dos lados de la calle principal del pueblo, desde la iglesia de la Congrega en adelante, y que se extendía desde el Tore hacía abajo, hasta el Padule, a la palmera cerca del manantial. En una parte del palacio, después de la desaparición de la familia Del Giudice fue alojada hasta los años ‘60 la Caserna de los Carabinieri.
BANDOLEROS Y GARIBALDINOS
Cuando el reino borbónico está a punto de terminar, San Gregorio expresa importantes figura liberales, que toman el poder con la llegada de Garibaldi. En el 1861 Beniamino Caso es elegido diputado al Parlamento de Turín, Gaetano del Giudice es Gobernador de Capitanata ademas de diputado, mientras su hermano Achille es Comandante de la Guardia Nacional de toda la circunscripción y Consejero Provincial.
Aquel año aparece el bandidaje, una mezcla de leales y delincuentes. Son veinte años de hierro y fuego. El ejercito Piamontés ocupa todo el Matese; la gente no puede labrar, no puede cazar, ni tan siquiera recoger leña.
A San Gregorio los bandoleros, cuando eran capturado, los fusilaban delante del Municipio, que entonces estaba en aquel palacete blanco en frente de la entrada de Villa Luisa, cerca de la fuente. Don Achille del Giudice dirige la represión de los bandoleros, pero bajo mano los financia para que no le maten todas los ovejas. Forma una escuadrilla de guardias personales que, cuando hace falta, suben al Matese para atrapar algún desventurado: el jefe de estos buscadores de recompensas es Carmelo del Giudice, su lejano pariente, que después de haberse embolsado diversos premios se irá a morir a Argentina.
Los bandoleros son a veces feroces, mas a menudo desesperados. Don Achille no es menos duros que ellos: al bandido Panella le hace cortar la cabeza y la expone en la ventana de su estudio, debajo del arco del palacio Del Giudice. Mientras tanto continua llevándose las chicas mas guapas a la Villa San Donato, ejerciendo un “jus primae noctis” al cual nadie tiene el coraje de rebelarse.
Son tantos los bandidos de San Gregorio: el jefe de la banda Antonio De Lellis, Domenico Ferritto, Nicola Verruto y Raffaele De Lellis, apodado Padre Santo, que siembra el terror hasta la provincia de Benevento. Entre ellos hay incluso una mujer, Maria Magdalena De Lellis, la bandolera Padovella, que de la pobre casa de los Elci se echó al monte por amor del caporal Santaniello.
Pero después también el bandidaje llega a su fin.
PAESANOS Y EMIGRACION
La repetición de los nombres y apellidos de siempre obliga al uso de apodos, que marcan las familias durante muchas generaciones: hay “cocciero” y “saracaro”, “muto” y “frungilla”, “papa” y “ribello”, “corecontento” y “voccapiccirillo”. Los mas recientes, desde “Fanfani” hasta “trullallá”, los descubrirán los venideros.
Nos encontramos al final del 1800. A San Gregorio sucede un hecho que nadie olvidará. En el parque del Amor una chica, Mariannella, fue encontrada decapitada por un golpe de hacha. Nunca se sabrá la verdad: su novio termina en la cárcel, pero el pueblo murmura de un pretendiente que, a toda velocidad, ha tomado el barco hacia America. Aquel barco lo conocerán muchos al final del ‘800 e inicio del siglo. Parten hacia Buenos Aires y Nueva York, para Sao Paulo, Montevideo, Asunción, pero siempre con la esperanza de volver al Matese. La emigración por las América deja vació el pueblo: en treinta años, hasta el 1900, salen mas de mil personas, en una imparable hemorragia demográfica que seguirá durante todo el ‘900, hacia las nuevas metas de Suiza, Alemania y Gran Bretaña.
Mientras tanto San Gregorio conoce muchas novedades. El reloj del campanario, la iluminación de acetileno, el nuevo cementerio.
Se empieza a hablar de luchas sociales. Las hace Don Giacomo Vitale, que lucha a favor de los campesinos en el Consejo Municipal, donde el Baron Arturo Lombardi es la viva imagen del naciente fascismo, mientras los viejos señores, como don Achille Caso no pueden hacer otra cosa que quedarse a un lado.
En el 1928 fue terminada la carretera que une el pueblo a Piedimonte, y llega el primer automóvil.
Llega incluso el jefe Mariano Costantini, y el secretario de los fascistas reúne a los niños “balilla” cada sábado en la plaza. Se vive tranquilamente, aunque no falta alguna que otra pelea: cuando es la fiesta de los trabajadores Marcellino Fattore, apodado Marrocco, se lo llevan al cuartel por seguridad. Gran fiesta en los años ‘30 cuando llega nada menos que el príncipe Umberto de Savoia: a bordo de un coche descapotable pasa por la plaza y se para a mirar una improvisada parada militar en el Padule, donde hoy se encuentra el campo de tenis.
EL NOVECIENTOS
En la vieja “Congrega” Marcellino De Lellis toca el órgano, pero la noche del 2 de noviembre están todos encerrados en sus casas, porque los difuntos del pueblo van en procesión desde la iglesia de la “Congrega” hasta el nuevo cementerio, el actual, que se acababa de construir.
En la plaza se representan espectáculos teatrales, y la baronesa doña Amelia Del Giudice ríe de corazón las escenas de Vincenzo Cordi, Ugo Caso, Giovangiuseppe Boiano, Giacomo Fattore y los otros que recitan los textos de Bandone, Luigi Ciccarelli poeta del Matese. Incluso se organiza la banda del pueblo. El director viene una vez a la semana, haga el tiempo que haga. Bernabei toca los platos y ya blasfemaba, mientras el bombardino de Vecchione se ha escuchado hasta hace pocos años.
Después inicia la guerra, los hombres parten y muchos desaparecerán en Rusia o en el Mediterráneo. En el año ‘43 llegan los alemanes, que acampan en el jardín del actual Hotel Montemiletto: el miedo se nota en el aire. A Beniamino Gianfrancesco le queman la casa de la calle Elci porque protege a los ingleses.
Cuando un avion aleman cae en el “Raspato” los nazis llevan los cadáveres de los siete soldados a Villa Ginebra y se les rinde homenaje. La gente de San Gregorio, con una mezcla de temor y admiración, mira aquellos chicos rubios y desdeñosos; el único que no se encuentra por ninguna parte es “Sparalampi” (dispara relámpagos), un tipo original que, se dice, había disparado un tiro certero, abatiendo el avión.
Pero el verdadero miedo llega con los Americanos, que desde Alife hacen llover cañonazos contra Santa Croce. Los chicos de San Gregorio los van a buscar, diciendo que la carretera está libre, visto que los alemanes se habían ya retirado. Montan las tiendas de campaña en la bella Villa Luisa, buscan las señoritas para una hora de amor, y cuando por la noche se emborrachan, los aldeanos aprovechan para llevarse carne de lata y cigarrillos del campamento.
LA POSTGUERRA Y EL TURISMO
Como Dios quiere también la guerra termina. Es el tiempo de renacer, el tiempo de don Pasquale Panella, Vincenzino Ferritto, Raféale Stocchetti y del senador don Giovanni Caso. Se abre la Villa y se construyen los hoteles. Se habla de turistas y campesinos. Los burros hacen sitio al “Ape” la típica moto de tres ruedas. En el bar de Luigino Boiano llega el primer televisor: finalmente, tras una gaseosa y el famoso concurso televisivo “Lascia o raddoppia” se sienten modernos.
El verdadero boom turístico llegó en los años ‘50, con la Pro Loco de algunos ambiciosos jóvenes del pueblo, guiados por el secretario municipal Teodoro Mezzullo, que es también consejero del Ente del Turismo de Caserta y Cónsul del Touring Club Italiano. Son memorables las noches de baile en Villa Ginebra, con Nino Taranto y Gloria Christian, la elección de Miss Matese y las Muestras de Arte con las exposiciones de pintura y concursos de novelas y poesías. El Circulo de los Forasteros se traslada al Chalet de madera en la Villa Municipal que lo ancianos llaman todavía Padule. El pueblo llega hasta a cambiar de nombre, pasando a llamarse San Gregorio “Matese”. En seguida lo seguirán Castello y Piedimonte.
La vieja pensión Pensa pasa a ser Hotel Monte Mileto, la fonda de Gigina Pignataro es Hotel Villa Maria, el empresario Angelone construye nuevos hoteles. San Gregorio conoce un turismo de elite: en los periódicos la llaman “Pequeña Suiza” y los veraneantes mas asiduos construyen villa Giulia, villa Caterino, villa Caniggia, villa rosalba, villa Cocía. El pueblo se expande: por un lado la circunvalación y por otra el Parque Correra.
Pero los grupos sociales no cambian. Pastores y habitantes del pueblo como hace cien años, se enfrentan en las elecciones municipales, pero en los juegos de cartas “Padrone e Sotto” son todos iguales, ayer como hoy. Como siempre.
Posted under Uncategorized